Centro Histórico

Lo primero que encuentra el visitante al llegar a la Plaça Major de Vallada es un espacio excesivamente largo en proporción a su anchura. No siempre fue así. Ocupando buena parte de su superficie, en el extremo Este de la plaza, se levantaba antiguamente el Hostal dels Carros, donde pernoctaban carreteros y caballerías cuando el camino real atravesaba esta villa. Es por ello que esta plaza fue conocida antiguamente como la Plaça dels Carros. El hostal sería demolido después de ser ocupado por los franceses durante la Guerra de la Independencia, para evitar que éstos pudieran convertirlo nuevamente en cuartel.

En esta plaza, sobre el solar de la casa que fue de los Marqueses de León, y más tarde convento de las Religiosas Trinitarias, se levanta ahora el Ayuntamiento. Se trata de un edificio de nueva construcción, edificado en 1984, aunque pocos años después, en 1998, se reformó íntegramente su fachada y parte de sus elementos y dependencias, por no ser del gusto generalizado de los vecinos.

En la misma plaza, esquina con la calle de Sant Bertomeu, se encontraba la antigua Casa de la Vila, con las cárceles públicas, y, por ello, dicha calle se llamó antaño Carrer de la Cort, al albergarse en ella la sede del Justícia Civil i Criminal de la Vila. Este edificio fue demolido en 1986 para construir en su solar la sede de los Jubilados y Pensionistas, que pretende ser una copia del antiguo Ayuntamiento; pero de aquél sólo queda la hermosa portalada de piedra picada –situada ahora en el centro de la fachada- y la esquina, también de sillares de piedra caliza.

En la manzana Oeste de la plaza se sitúa la Casa Abadía, junto a ella, la de Perales, y, más abajo, la Casa de la Por; todas ellas en la calle de Sant Bertomeu. Esta misma calle desembocaba en la Bassa, antiguo lavadero del que hablaba el historiador Martí de Viciana en su Crónica de 1564.

El Llavador de les Dones desapareció en 1976, y en parecidas fechas sucumbió también la casa solariega de los Garrido, edificada junto al lavadero ya en la calle de San Ramón. Era éste un enorme caserón, con su huerto, que gozaba de una fuente de agua perenne conducida desde la partida de la Torre, que perteneció a los vínculos de la familia Garrido y fue edificado en el siglo XVIII sobre el solar de les Almàsseres, antiguos molinos de aceite documentados ya en el siglo XIV.

Siguiendo hacia al poniente por la calle de Sant Ramon, dejamos a mano derecha la casa de Pepinacio, de anterior referencia. Esta calle, que empezó a edificarse a mediados del siglo XVI, fue camino real, y en ella hubo un portal –el Portal de Moixent o de Castella-  que impedía la entrada a la población en tiempos de epidemias y fue demolido a mediados del siglo XIX. Más adelante encontramos algunos restos de la vetusta Casa Gran, junto a la de los Rico, esta última de principios del siglo XX.

En la confluencia de las calles de San Ramón y Santa Teresa, existe una fuente dedicada a esta santa, construida en 1956. Tomando esta última calle en dirección Este llegamos a la Torre; denominación que ha perdurado para identificar popularmente la calle de los Reyes Católicos y zonas adyacentes, y que responde a la existencia de una antigua torre defensiva, con su barbacana, que quedó envuelta en el siglo XVIII por las casas y acabó por desaparecer. Los restos de la misma todavía son visibles en el interior de algunos edificios.

En este punto llegamos al Carrer del Mig o dels Sants de la Pedra, que fue asimismo camino real y albergó también un portal a través del cual se entraba en la población. Sobre el arco del portal, demolido en 1874, había levantada una pequeña capilla, donde se podía decir misa, dedicada a los Santos Abdón y Senén, y San Antonio de Padua; y, sobre ésta, la campana que repicaba cuando amenazaban las tormentas y que hoy se encuentra en la ermita de San Sebastián. Situada a mano izquierda está la conocida hoy como Casa de Elenita, con el huerto a sus espaldas, otra muestra de arquitectura rural de la clase acomodada. Esta calle desemboca en un edificio que fue hostal y albergó durante centurias a los viajeros en su tránsito por el camino real: el Hostal de Mateu Sancho.

De la calle del Mig pasamos ahora a la de Santa Rosa. Es ésta una callejuela estrecha, que históricamente fue denominada Carrer del Fossar y Carrer del Triquet de la Pilota. En la esquina con la calle del Mig subiendo a mano derecha estuvo en el siglo XVI la Casa de la Saboneria y, a continuación, el Fossar o cementerio. A mano izquierda se abre la calle del Cristo o del Campanar y, en la esquina, se levanta el antiguo Pósito Municipal, convertido ahora en biblioteca y museo.

Continuando por Santa Rosa, la calle tuerce súbitamente a la izquierda en ángulo recto tomando el nombre de Sant Joan, en otro tiempo Carrer de les Ànimes. El rincón que forman ambas vías hizo que la última de ellas fuera llamada más remotamente Carrer del Raconet

Siguiendo nuestro recorrido llegamos a la Placeta de Sant Joan, donde el chorrear de su fuente evoca sabores de un pasado musulmán. Antaño fue conocida como la Plaça del Forn, por cuanto hubo en ella un antiquísimo horno de pancocer. Junto a la fuente, unos escalones –ahora de cemento- abren la entrada a la empinada calle de la Santa Creu, por donde se accede a la capillita situada en la eras, en la que cada 3 de mayo se bendicen los cuatro puntos cardinales del término municipal. Abajo queda San Cayetano, donde estuvo ubicado el cuartel de la Guardia Civil.

Caminando por San Juan hacia levante, dejamos a la izquierda la calle del Carmen, llamada antaño Carrer de Espanya, y poco más adelante, a la derecha, Santa Ana. Al extremo de esta última hubo también, hasta mediados del siglo XIX, una puerta que cerraba la población en tiempos de peste: el Portal de les Eres o de Sant Sebastià, ya que a través del mismo se llegaba a las eras de trillar y a la ermita del santo. La calle de Santa Ana estuvo dedicada también a San Jaime en el siglo XIX.

Seguimos hacia el Este por la calle de Sant Josep, desde donde se abre una nueva vía hacia las eras, tan estrecha como la primera, conocida con idéntico nombre y abierta en el siglo XVIII. También es del siglo XVIII la calle por la que ahora bajamos: Sant Francesc. Antes de ser calle, discurrió por ella el Vall de la Vila; esto es, el foso o acequia madre[5] que rodeaba la población por sus linderos Sur, Este y Oeste, para protegerla de las avenidas de las aguas pluviales. Descendiendo por la misma aparece a mano izquierda la calle de la Purísima, travesía de comunicación con el casco antiguo abierta en 1866, y que, pese al tiempo transcurrido, sigue llamándose popularmente Carrer Nou. A mano derecha, San Francisco presenta una nueva abertura con idéntica finalidad, realizada a través del solar de una casa derribada a mediados de la década de 1970.

Continuando hacia el Norte llegamos, no sin antes desviarnos a la derecha, a la calle del Padre Victorio, anterior Carretera del Marqués, que no se empezó a configurar como calle hasta los últimos años del siglo XIX, y en donde hubo una casa teatro, construida en 1895 por D. Manuel Sanz Zornosa –que luego fue cine y, mas tarde, sala de baile-, y una bodega conocida popularmente como Los Caidos.

Desde ésta nos desviamos a la izquierda para seguir por la calle Mare de Déu de Gràcia, que daba entrada al camino real desde Valencia a través del Portal de Xàtiva –también desaparecido en 1849- para llegar nuevamente a La Plaça.

Subiendo ahora por Sant Vicent, primeramente llamado Carrer Empedrat, hallamos a mano izquierda otra venerable casona del siglo XVIII, que perteneció a los Marqueses de León y hoy alberga la Panificadora. Poco más arriba, a mano derecha, hay también un horno en un edificio de nueva construcción, que vino a sustituir a otro antiquísimo, en cuyo lugar, según la tesis más probable, se lleva cociendo pan durante más de 700 años. Frente a éste y formando esquina con la calle de la Purísima hay una casa levantada en 1850 sobre el solar del antiguo Hospital de la Vila.

Más arriba forma la calle una plazoleta –llamada antiguamente Placeta dels Alcovers– donde se levantaba la casa del Marqués de Vellisca, y más tarde de los marqueses del Ráfol de Almunia, que desapareció en la década de 1960 y de cuya magnificencia tan sólo queda parte de su portalada de piedra –segada ahora por un balcón- y los sillares de su fachada y esquina. Según cuentan, aquella casa era la más grandiosa y fastuosa que ofrecía Vallada. La edificación y su huerto ocupaban la casi totalidad de la superficie de la manzana en que estaba ubicada.

Desde Sant Vicent, tomamos ahora la calle de Sant Pere Màrtir para acceder a la Plaza del Beato Ramón Martí, donde está la iglesia, con la fuente del apóstol titular a sus pies y la Casa del Racó, de anterior referencia; y, bajando por Sant Bertomeu, llegamos finalmente al punto de partida y acabamos aquí nuestro recorrido.  

Como llegar aquí:

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